Él se llamaba Onasis, y a pesar de su aspecto de perro malo, era un amor, era el perro de mi tío, y el único que tenía cerca cuando era niña, porque yo no tuve perro hasta hace aproximadamente unos doce años, solo tuve un gato cuando tenía como 7 años, pero mi padre lo regaló un día, lloré mucho, se llamaba Gufi, nunca volví a saber de él, aunque mi padre jura que se lo dio a alguien que lo cuidó mucho.
Onasis era un perro encantador, obediente, paciente, soportaba que me le colgara, que lo persiguiera, era un perro muy noble, cuando mi tío se casó, se mudó y se olvidó de él, Onasis era muy apegado a él, lo adoraba, lo extrañaba, un día el pobre animal se tiró por el balcón queriendo saltar a la calle para buscar a mi tío, se lastimó bien culero. Lamentablemente la esposa nunca aceptó al perro en su casa, la nalga es la nalga dicen.
Onasis murió olvidado, de cáncer en los testículos, mi padre tenía que ir a ponerle fomentos de agua porque a mis tíos les valía, su muerte fue muy triste, murió solito en su casita, con mucho dolor. Mi tío mandó disecar su cabeza, y lo tiene en su casa, cada que la gente entra y ve al animal colgado en la pared de su patio, cuenta de su gran amor por el animal y lo que significó en su vida, según él por eso lo disecó, yo me río, es un cínico, fue puro remordimiento.
Hurgando en el album familiar encontré esta foto y tenía que hablar sobre él, se lo merece, fue un buen perro y un ejemplo de fidelidad y amor.
